miércoles, 28 de octubre de 2009

LA ESTABILIDAD DEL MUNDO

EL PRINCIPIO DEL ACTUALISMO
















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www.fondosypantallas.com

Este es un principio básico en todas las ciencias y también en la vida cotidiana.
El principio podría enunciarse así: Observando lo que sucede en la actualidad, podemos deducir por analogía lo que sucedió en el pasado.
Este principio se usa cotidianamente en geología, por ejemplo, observamos, cómo en la actualidad, las olas amontonan la arena en la playa con una estructura muy concreta, vemos que entre los granos de arena, hay conchas de bivalvos, de gasterópodos y restos de alguna ostra. Estas observaciones que hemos realizado, nos permiten afirmar con bastante certeza que un paquete de arenas de una época geológica pasada, amontonada con la misma estructura, y con fósiles de bivalvos, gasterópodos y ostras, se sedimentó en una antigua playa de unas condiciones geográficas y climáticas semejantes a la que hemos observado en la actualidad.
Este principio usado cotidianamente, aún sin conocerlo, permite todas las investigaciones policiales y muchas de las investigaciones científicas, pero implica inevitablemente una cierta estabilidad del mundo, que permite adquirir conocimientos gracias a la experiencia. Esta experiencia puede ser previa o posterior. ¿Cuántas veces al observar algo ha entendido claramente un suceso del pasado?, diciendo o pensando: “¡Ah!, así que esto fue lo que pasó”.
Se puede uno imaginar un mundo inestable: si ponemos la sartén en el fuego con aceite, y le echamos un huevo de gallina, no sabemos qué saldrá, si un escalope de ternera, una trucha a la plancha, o una fuente de profiteroles. Si su médico le receta una vacuna, no sabemos si le va a servir para la viruela, el sarampión, el cólera o la gripe. Si gira la llave del arranque de su coche, no sabemos si el motor se pondrá en funcionamiento, si el asiento se echará para atrás, o se caerá la puerta al suelo.
Es precisamente la estabilidad del mundo, la que nos permite aprender y relacionarnos y ha hecho posible que levantemos esta civilización.
En la actualidad hay dos teorías “científicas” que nos impelen con insistencia a creer en la inestabilidad del mundo: la teoría de la evolución y la teoría de la relatividad.
Su argumento principal es que aunque el mundo nos parezca estable, eso es una ilusión debida a la corta duración de nuestra vida comparada con la de las edades geológicas, o con la del Universo.
Se pretende que aceptemos como científico algo que sobrepasa con creces la objetividad propia de las ciencias empíricas, que ha de permitir realizar experimentos para su verificación. Todos sabemos que los gatos paren gatos, de los huevos de pata, nacen patos, y que si plantamos una castaña, crecerá un castaño; está es nuestra experiencia de la estabilidad del mundo.
Pero nos dicen que es un hecho científico comprobado que ha sucedido millones de veces a lo largo de la historia de la tierra, que un ser de una especie engendre un descendiente de otra especie distinta.
Si nos pidieran que creyésemos que los elefantes vuelan, pensaríamos que nos toman por tontos, y nos piden que creamos en la inestabilidad del mundo, algo que contradice nuestra percepción de la realidad y asentimos sin más.

miércoles, 3 de junio de 2009

Darwin visita la Gregoriana



El intento fue mediante un congreso que se celebró del 3 al 7 de Marzo en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, bajo el patrocinio del P. C. de la Cultura. Se titulaba "Evolución biológica hechos y teorías. Una valoración crítica a los 150 años del "Origen de las especies"". Estaba organizado por la Univ. Gregoriana y por la Univ. de Notre Dame (Indiana), ambas de los Jesuitas, y se realizaba en el marco del tercer encuentro internacional del STOQ (Science, theology and the ontological quest), que es un organismo creado para facilitar el diálogo entre la fe y la ciencia. El presidente de este último organismo era el que controlaba el congreso.El Congreso lo inauguró Mons. G. Ravasi, con unas meditaciones sobre "fides y ratio" y se marchó. Los primeros dos días, los evolucionistas más fervorosos, nos narraron todos los argumentos del evolucionismo, a un nivel muy elemental (de bachiller español). sólo el profesor Werner Arber realizó su ponencia sobre el ADN, a un nivel universitario y puntero.
Los participantes del Congreso eramos en un 30% presbíteros, seminaristas (principalmente legionarios de Cristo) y miembros de institutos religiosos. Otro 30% estudiantes de la Gregoriana y de otras universidades Italianas, y el restante 30% profesores universitarios, entre los que predominaban los filósofos, anque no faltaban teólogos, físicos, antropólogos, bioéticos, cirujanos, matemáticos, químicos y algún paleontólogo. La mayoría abrumadora, católicos, también asistieron algún judio, dos musulmanes, y un número indeterminado pero escaso de ateos.
En el primer turno de preguntas, las dos primeras fueron: ¿Cómo podría usted explicar que un tejido orgánico -con todo su ADN- puesto en cultivo, genere una masa amorfa y no construya un órgano vascularizado e inerviado, si el ADN es el que da la forma a los organismos? y ¿Cómo podemos defender el origen común de los distintos phyllum, si la paleontología no encuentra la multitud de formas intermedias que inevitablemente han tenido que existir?. Estas dos preguntas como muchas posteriores quedaron sin respuesta, y ya en ese momento, el responsable del STOQ tomó el micrófono y dijo claramente que el congreso no era para cuestionar la teoría evolutiva, que la teoría de la evolución era un hecho científico demostrado e inapelable, y que el congreso se estaba realizando para que se produjera un diálogo fructífero entre la ciencia, la filosofía y la teología.
A partir de ese momento, los evolucionistas, más "progres" del mundo anglosajón selecionados por D. Francisco Ayala (el gran paladín del evolucionismo en EE.UU.),comenzaron a descargar sus propuestas, del estilo de: (cito textualmente de las notas que tomé)"Deben ustedes ir pensando en abandonar esos términos de Creador y creación"."Los que viven en la fe, viven en un mundo virtual"."El concepto de alma es un concepto medieval que ya no tiene ningún sentido"."La idea de la libertad es un absurdo, vivimos bajo el imperativo de la química"."A partir de ahora vamos a incluir a todos los primates dentro del género Homo"."El único motivo de que exista la especie humana, es que un día cambió un poco el clima en África"."La única diferencia que existe entre los animales y los hombres es una cuestión de grado"."La teología no es libre porque está atada de pies y manos por los dogmas"."El verdadero organismo vivo, es la Tierra".Cuando vieron que muchos de los participantes se indignaban por algunas de esas afirmaciones, optaron por reducir al mínimo los tiempos de preguntas, e intentar llenarlos preguntándose cosas insignificantes entre ellos y felicitándose. Aún así, siempre se les colaba algún participante, y preguntaba cosas con sentido común, que eran ignoradas sistematicamente, pero que nos permitió ir conectando entre nosotros.Todos esperábamos los últimos días, a las ponencias de filosofía y teología, pero eso casi fue peor, los que hablaron, sólo sabían contar las maravillas, la lucidez y las teorías de Theilard de Chardin. Nadie comentó la censura de sus escritos ni los puntos en los que se desvió de la Sana Doctrina. Sólo fue digna y correcta la ponencia del dominico francés Jean-Michel Maldamé sobre las diversas acepciones de la palabra evolución desde la ciencia, la filosofía y la teología. Porque el único español que hablo, el presbítero Rafael Martínez, lo hizo sobre el tratamiento de la teoría de la evolución en la Iglesia, citó los conocidos comentarios de Juan Pablo II, citó de paso la existencia de la "Humani generis" como si le quemara en la boca, y se esplayó con los libros sobre la evolución sancionados por el Índice, pero lejos de hacer una exposición clara de los puntos críticos, se enredó con explicaciones interiores de cómo funcionaba el procedimiento del Índice para sacar la conclusión de que el Vaticano tiene miedo de volver a repetir con la evolución un segundo caso Galileo.Una mañana, dió una ponencia el Cardenal Georges Cottier sobre "El sentido metafísico de la creación y de la evolución". No dijo una palabra de metafísica, y nos habló de la compatibilidad entre los hechos demostrados por la ciencia y la fe de la Iglesia. Cuando terminó, se marchó, y todo siguió igual, pudimos sufrir con tristeza situaciones como la de un Jesuita que después de glosar a Theilard, recibió la pregunta capciosa de uno de los evolucionistas: "¿Eso que ha dicho usted.... la trascendencia me ha parecido entender, eso es algo empírico, me puede usted explicar qué es la trascendencia?. El Jesuita, con su cleriman y su cruz en la solapa, se lo pensó bien, miró al presidente del STOQ y respondió literalmente: "Yo soy antropólogo, no soy filósofo, no le puedo responder".Supongo que el STOQ y La Gregoriana querían dejar claro que los católicos no somos unos fanáticos como los protestantes norteamericanos, pero lo que han conseguido es abrirles la puerta a esos ideólogos, y darles más alas.Supongo que otras personas lo narrarán de otra manera, pero los tres murcianos que estabamos allí, más de veinte participantes de 14 paises, entre ellos Dina Nerozzi, consultora del P. C. de la Familia, y los legionarios de Cristo, lo vivimos así.El Congreso no nos ha desanimado, sólo nos pone un poco tristes, por ver que apenas se defendió la verdad sobre el hombre, y que salvo los dos Prelados y el padre Maldamé, nadie nombró a Dios ni a su Único Hijo nuestro Señor.
Angel Luís Hurtado Contreras
Semogil 2009

viernes, 8 de mayo de 2009

LOS NIÑOS DEL APÓTETAS


Me cuesta crear poesía desde la barbaridad.

La falacia que respira el hombre moderno hace que este se colme a veces de muecas malintencionadas. Muecas y gestos que, lejos de ser inocuas y carentes de peligro, exhiben con descaro la contradicción dañosa operada desde algunas tarimas ignorantes: las ocupadas por los que gobiernan, las mostradas desde los pórticos del poder.
En el transcurso de una tarde de asueto en la montaña presencié cómo una pareja de la Guardia Civil prendía a dos hombres cuarentones que estaban cazando. Los esposaron, les requisaron las escopetas y varias cajas de cartuchos de posta y los trasladaron en un Land Rover al cuartelillo del pueblo para practicar las diligencias que requería el asunto. Estaban cazando en tiempo de veda. Cuando les pillaron estaban pegando tiros a una recua de perdices. Las perdices abundan en esa zona, pero estaban en época de cortejos y de incubar los huevos. Tampoco se podían acechar los nidos ni cazar tórtolas. Tampoco ningún tipo de córvidos.
Esto ocurrió hace varios años, pero hoy la normativa es bastante más dura en lo que a cuantía económica de las sanciones se refiere. Hay, incluso, penas de cárcel por según qué delitos llamados ecológicos, contra el medio ambiente en general y contra la fauna en particular.

Hasta hace poco nos parecían espeluznantes algunos fragmentos de la historia de la humanidad. En la antigüedad no era extraña la práctica infanticida. En la Esparta militarizada de antaño, por ejemplo, hasta incluso estaba normalizada. Al nacer un niño este era conducido al Pórtico del templo donde, a la luz del día, un tribunal de ancianos lo examinaba para determinar si era hermoso y bien formado o no. Eran muchas las veces que los padres asumían indolentes el veredicto: ¡Al Taygeto!, ¡Al Taygeto!. Esta era la consigna lóbrega que temían oír las madres en el atrio del templo. Cualquier protuberancia, torcido de ojos, asimetría en las extremidades o en la cara, cualquier lunar torpemente colocado era motivo suficiente para enviar al niño o a la niña al Apótetas, al denominado lugar del abandono. El Apótetas era el fondo de un barranco/sima que se hundía en la tierra al pie del monte Taygeto. Desde la ladera del monte se despeñaba hacia este barranco a los infantes que no alcanzaban el positivo tras la macabra evaluación de los viejos. Los inocentes se convertían entonces en carne de muladar sobre los que volaban las urracas y los buitres negros tanteando el momento propicio para iniciar el festín.

Hay una perversión más dañina que todas las perversiones juntas: la perversión institucionalizada, aquella desviación orquestada desde la esfera del poder, malévolamente justificada por la política de las mayorías que impone la democracia moderna. Si la mitad más uno decide que, en aras de la no sé qué libertad de la mujer, no pasa nada si se trunca el desarrollo de una criatura desde el seno de su madre, pues eso, que no pasa nada, que encima de todo se tilda de retrógrado a quien no acepta esto como una nueva conquista social que ampara el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Cuando este debate se inmiscuye en los entresijos de la militancia política, entonces ya no hay remedio alguno. Los más elementales niveles de conciencia quedan aturdidos y reducidos, inundados por legiones rebosantes de estulticia organizada. Se pone en marcha, a la sazón, la premeditada manipulación del lenguaje. Se pretende que las palabras no signifiquen lo que en realidad significan. Significante y significado pasan a ser puros rehenes de la conveniencia aviesa del poder. ¡Si Ferdinand de Saussure levantara la cabeza!
La confusión que se implanta ante esta desviación lingüística es el caldo de cultivo perfecto para la pérdida de conciencia cabal y la ausencia de identidad de las cosas, de tal forma que, a fuerza de depravaciones editadas y publicadas en Boletines Oficiales, el hombre desnortado tiende a confundir la acción con la expiación, y termina llamando conquista a su propio aniquilamiento.

Por desgracia, habrán de pasar muchos años para que de nuevo se institucionalice el sentido común – procedente sin duda del sentido natural de las cosas-, y se catalogue como barbaridad inicua todas las vueltas que se están dando en las últimas décadas en las democracias occidentales a fin de convencernos de que no pasa nada porque matemos a nuestros hijos potenciales si resulta que el permitirles que se desarrollen y vivan altera en mucho o en poco o en casi nada nuestro stablishment personal.

Una especie de cinismo colectivo hace que estemos llegando a pensar que es bueno regular y normalizar una práctica de esta índole porque de hecho se da. Vasta tarea tendrán a partir de ahora nuestros legisladores para regularizar y normalizar tantas y tantas prácticas y acciones que de hecho se dan: robo, incesto, homicidio, tortura, violación, manipulación psicológica…

Homo homini lupus est. El hombre es un lobo para el hombre. ¿Pero es que nadie se da cuenta? La sangre inocente impetra la urgente toma de conciencia. Los ancianos del Pórtico de Esparta pueden aparecer como benévolos dentro de años cuando la historia los compare con nosotros, con los hombres y mujeres de este tiempo, obstinados en tornar el mundo del revés, obcecados hasta la saciedad en convencernos de que puede ser lícito matarnos entre nosotros por pura comodidad. Más grave aún, si cabe, es la constatación de que legitimamos el feticidio desde la más aborrecible de las actitudes: la cobardía. La cobardía de matar a quien no puede defenderse esgrimida, para más inri, como derecho conseguido, como conquista social.

¿A dónde se han marchado los hados de la belleza y de la vida? ¿Dónde están los poetas que admiraban a Walt Whitman? ¿Qué ha sido del raciovitalismo de Ortega?

A veces me da la impresión de que nuestros consejeros no son otra cosa que tropeles de demonios beodos ávidos por entorpecernos y confundirnos. Y nosotros les hacemos caso, apostados sin pudor en nuestra particular roca Tarpeya, tirando al abismo –a veces previamente triturado- aquello que simplemente nos incomoda o nos estorba, aunque esto sea carne de nuestra propia carne.

Me cuesta crear poesía desde la barbaridad.
José Fuentes Blanc
Caravaca 2009

lunes, 19 de enero de 2009

LA CULTURA DE LA MUERTE

Mons. Munilla obispo de Palencia, nos cuenta como la cultura de la muerte se disfraza de tolerancia y libertad

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿SE PUEDE SER EVOLUCIONISTA Y CREER EN DIOS PADRE CREADOR DE TODO LO QUE EXISTE? LA ÚNICA RESPUESTA ES: NO

Últimamente, hemos podido leer varios artículos y declaraciones -algunas de ellas de personas investidas de alta autoridad dentro de la Iglesia-, afirmando que se puede aceptar la teoría de la evolución y creer en Dios Creador.
Hemos recibido esas palabras con cierto estupor, lejos de aportar luz sobre este asunto, añaden más confusión al tema del origen de los seres vivos y especialmente al origen del hombre, tema por otra parte, ya bastante confuso.
Entendemos que es imposible unificar esas dos visiones cosmológicas, ni siquiera despojando a la teoría de la evolución de todo lo que le es propio, y dejando de ella, tan sólo estas dos afirmaciones:


1. Las especies de seres vivos proceden unas de otras por evolución.
2. Las variaciones sucesivas, son producidas por cambios en su información genética.


Entendemos que esto es lo único que se podría aceptar de la teoría de la evolución desde una perspectiva cristiana. Algo así como decir que Dios ha creado los seres vivos partiendo de uno sencillo y modificando paulatinamente el genoma para dar lugar a seres de nuevas especies. Esto es lo que con muy buena intención, puede uno pensar que quieren decir, los que afirman la compatibilidad de las dos cosmologías.




Imagen de http://www.historiadelagastronomia.com/




Pero una cosa es que razonemos que eso pudo ser así y otra muy distinta es si eso ha sido lo que realmente ha sucedido. Y este es el sitio en el que a las ciencias le corresponde su justa autonomía: Demostrar hasta donde le sea posible, con pruebas objetivas, el modo en que han aparecido las distintas especies de seres vivos y en especial el hombre.
Pero son precisamente las ciencias empíricas, las que no respetan a las demás ciencias, y bajo el marchamo de científico, (entiéndase demostrado) nos endorsan todo tipo de interpretaciones filosóficas, ideológicas y teológicas.
Ahora vamos a exponer por qué no podemos aceptar que se pueda creer en la teoría de la evolución y en Dios Creador, no se pueden juntar las tinieblas y la luz, la mentira y la verdad.




ARGUMENTOS CIENTÍFICOS:
Existen demasiados aspectos de este asunto que se dan por ciertos muy a la ligera arrastrados por la excesiva especialización y por la propaganda que los acompaña, por ejemplo:
· La Paleontología no aporta ninguna prueba que permita apoyar una evolución progresiva de especies, ni siquiera a saltos. Y mucho menos la procedencia de todos los phyllum desde un tronco común.
· Los genes tienen una importancia secundaria en la configuración de la morfología de los seres vivos.
· No existe un modelo genético para cada especie, sino un amplio abanico (aún por determinar) de posibilidades de variación, por lo que se manipula el concepto de mutación y el de especie.
· Diversos experimentos muestran que incluso las mutaciones controladas, revierten y desaparecen en la segunda generación. La vida es ultraconservadora.
· El aislamiento geográfico o reproductivo, son ideas que no puede explicar el origen de la mayoría de las especies, que suelen convivir con otras del mismo género o familia en un mismo ecosistema.
· No se pueden separar dos especies por algunos detalles morfológicos, como se hace con los restos humanos antiguos; la variabilidad y la interfecundidad actual de las personas de todas las razas humanas, así lo evidencia. Hay muchas más diferencias morfológicas entre un pigmeo africano y un finlandés, que entre el Homo sapiens y el Homo erectus europeo, por decir un ejemplo. Todos los seres humanos que hemos vivido sobre la tierra, pertenecemos a la misma especie.
La teoría de la evolución está absolutamente minada científicamente, y va a ser abandonada estrepitosamente en cualquier momento, del mismo modo en que cayó el muro de Berlín. Y precisamente, es el evolucionismo el que intenta desesperadamente encontrar el apoyo del milenario prestigio de la Iglesia Católica.
Este es el punto más débil de la teoría de la evolución: científicamente no se puede sostener.




ARGUMENTOS FILOSÓFICOS:
Y sobre lo que más nos interesa, que es el ser humano, es de todo punto inaceptable que el hombre, ni siquiera su cuerpo provenga de un “homínido”.
Aceptar que el cuerpo del hombre proviene de otros seres no-humanos anteriores a él, y que Dios otorgó o insufló en ellos un alma intelectiva (espiritual), nos llevaría ineludiblemente a romper la unidad jerarquizada del ser humano y la metafísica que sustenta la antropología adecuada.
Ello nos arrastraría antes o después a saltar por encima del catecismo de la Iglesia, de la Teología del cuerpo, de la encíclica “Humani generis”, del concilio de Letran V, del concilio de Viena, de Santo Tomás de Aquino, de San Agustín, de las Sagradas Escrituras, y de Aristóteles, para caer de nuevo en el maniqueismo y en el dualismo platónico.
¿Dónde dejaríamos la unidad del ser?.
¿Dónde quedaría el fin como causa primera?.
¿Dónde ubicar el alma, si no es forma sustancial del cuerpo, puesto que éste ya estaba antes y había sido informado por otra alma no humana?.
¡Cómo plantear esa ineludible sustitución de almas?.
¿Qué hacemos?, ¿volvemos a las antiguas discursiones de hace 8 siglos, sobre si tenemos una única alma o varias?.
La teoría de la evolución niega implícitamente la diferencia entre el hombre y los animales, con lo que animaliza al hombre, negándole un origen distinto al de los animales, haciéndolo igual a ellos.
También lleva implícita la emergencia de las posibilidades intelectuales del hombre desde y como desarrollo de la propia materia.
La teoría de la evolución, y en especial el actual auge de la genética, niega la existencia del alma, confundiendo en una sola cosa “lo que mueve, y lo que es movido”, y otorgando a los genes el papel de ser la “forma sustancial” del cuerpo, lo que en absoluto les pertenece.
Filosóficamente no se puede aceptar la teoría de la evolución, especialmente en lo que respecta al origen del hombre, pero tampoco en lo que respecta al origen de las especies, porque considera a los seres vivos como máquinas montadas a piezas totalmente intercambiables y eso no se puede aceptar.




ARGUMENTOS TEOLÓGICOS:
Desde la teología cristiana, podría aceptarse una teoría de la evolución, que la ciencia hubiese demostrado (lo que no es el caso), siempre y cuando se le efectuasen los siguientes cambios:
· Una teoría de la evolución en la que el azar no es la causa del origen de las especies, sino el Amor de Dios.
· Una teoría en la que la selección natural no es la que rige el destino de los seres, sino la divina Providencia.
· Una teoría en la que los seres no van mejorando progresivamente gracias a mutaciones favorables, sino que fueron creados y merecieron de Dios el calificativo de “bueno”.
· Una teoría en la que la muerte no es un componente básico de la creación, sino algo introducido en ella por el pecado.
· Una teoría en la que no hay hombres de varias especies y de distintas dignidades.
· Una teoría que defienda el monogenismo, que es el origen de todos los hombres a partir de una única pareja, para poder entender nuestra situación de hombres caídos, el verdadero origen del mal y la universalidad de la redención.

La caída, capilla Sixtina – el Vaticano.

Teológicamente, la teoría de la evolución que todos conocemos, no se puede aceptar.




CONCLUSIÓN:
Vistos estos argumentos, nos reafirmamos en que no es posible aceptar desde la fe en Dios Creador, la teoría de la evolución tal y como la conocemos, ni siquiera maquillándola un poco.
Así pues, harían bien los que hacen esas declaraciones sobre la compatibilidad de las dos cosmologías, aclarando a qué teoría se refieren cuando hablan de la evolución, porque lo que la humanidad conoce con ese nombre, es el neodarwinismo, que además de ser científicamente falso, es filosófica y teológicamente inaceptable.
Que nadie se confunda, El Diseño inteligente es la nueva forma que va a adoptar el evolucionismo, sólo que esa inteligencia todopoderosa y creadora va a estar más cerca de Brahma que de Dios Padre, y en todo caso va a aparecer como la inteligencia de la naturaleza ligada a la idea de “Gaya”, una simple vuelta al panteísmo.
Dios hubiera podido crear todas las especies de seres vivos por evolución, si hubiese querido, pero no lo ha hecho así.

Ángel Luis Hurtado Contreras

lunes, 17 de noviembre de 2008

LA ERA DE ACUARIO

SOBRE “LA ERA DE ACUARIO”.

Muchas son las voces que proclaman la inminente llegada de la “Era de Acuario”, y profetizan sobre ella anunciando que será una época dorada para la humanidad, en la que el cristianismo –propio de la era de Piscis- desaparecerá, y será sustituido por una nueva creencia universal que traerá un futuro lleno de armonía, justicia, paz y hermandad entre todos los hombres.[1]
Esas predicciones engalanadas de “espiritualidad”, tienen su fundamento científico-temporal en la astronomía, concretamente en el llamado “movimiento de la precesión de los equinoccios”.

La precesión de los equinoccios

Es este un movimiento muy lento producido por la oscilación del eje de giro de la tierra, el cual, se comporta de forma semejante a como lo hace una peonza cuando cae al suelo y gira cónicamente antes de enderezar su eje verticalmente. Esto hace que la estrella que vemos ahora situada en la proyección de nuestro eje: la estrella polar, se vea desplazada paulatinamente, y vuelva a esa posición coincidiendo con el eje de giro terrestre dentro de 25.920 años. Ello ocasiona que el punto de intersección del ecuador celeste y la eclíptica[2] se desplace hacia el oeste a razón de unos 50” de arco por año (un grado de arco cada 72 años), lo cual hace variar las estrellas colocadas tras el punto vernal (punto estelar marcado por la posición del sol en el equinoccio de primavera) y también las ascensiones rectas y las declinaciones de las estrellas fijas.



Esquema del movimiento “de peonza” del eje terrestre,
el cual origina la precesión de los equinocios.
Dibujo de Ching Sung Yü, publicado como figura nº 59 en la página 360
del libro “Guía de campo de las estrellas y los planetas” de Donald H. Menzel.
Editorial Omega Barcelona 1.979.


Todo esto que parece un complicado asunto de astrónomos, tiene una lectura de gran utilidad para nosotros en este momento. Puesto que el eje de giro terrestre, describe un gran círculo cada 25.920 años, ello implica que el punto vernal se desplaza paulatinamente recorriendo cada una de las constelaciones zodiacales en 2.160 años.


Gran círculo descrito por la prolongación del eje terrestre en una “edad del mundo”.
Dibujo del mismo autor que la anterior, y que aparece como figura nº 60 en el libro citado.


Desde que por primera vez en nuestra época histórica (que sepamos), Hiparco, en el año 139 antes de Cristo, habló de este movimiento de la precesión de los equinoccios, se han venido interpretando cada uno de esos tiempos de 2.160 años, como etapas, o edades del mundo, en la actualidad se denominan “Eras”.

La era de Piscis

Normalmente se entiende como orden dentro de la eclíptica, el que comienza en Aries, y va desde él a Tauro, de Tauro a Géminis, de Géminis a Cáncer etc... La prolongación del eje de giro terrestre se desplaza hacia el oeste, así que tras estar 2.160 años en Tauro, pasa a Aries, se mueve hacia el signo precedente, de ahí el nombre de este movimiento.
La historia de la salvación, recoge y da efectivo cumplimiento y sentido a todos los arquetipos simbólicos, incluidos, claro está aquellos que los hombres han podido, durante milenios, ver reflejados en las estrellas del firmamento. Por ello, vamos a trazar algunos apuntes sobre las últimas Edades (Eras) y su relación con el plan de Dios para salvarnos.
Hubo una época en la que el punto vernal del equinoccio de primavera coincidía con Tauro, y el de otoño con Escorpión. Ese era el eje zodiacal “especialmente simbólico” en ese tiempo; florecían entonces las grandes civilizaciones del “creciente fértil” y del medio y bajo Nilo.
En Egipto se adoraba al buey Apis; los babilonios lo hacían con el toro Marduk (Tauro, el toro). También estaba presente el culto al escorpión y a la serpiente, -que aparecen siempre vinculados en cuanto que ambos son animales rastreros, venenosos y que suelen permanecer ocultos (cf. Lc 10, 19 y Lc. 11, 11)-; sólo tenemos que observar los sarcófagos egipcios o recordar el encuentro de la Vara de Moisés con las serpientes de los magos del faraón (Ex. 7, 8).



Máscara de Tutankamon que se conserva en el Museo Egipcio en El Cairo.
Fotografía de AISA- Barcelona. Publicada en la página 257 del tomo Iº de la
“Historia Universal del Arte”. Edit. Planeta 1.991.



Cuando el movimiento de precesión de los equinoccios empezó a adentrar el punto vernal en el eje Aries – Libra, Dios por medio de Moisés, sacó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, estableció la Pascua (Ex. 12, 21), en la que la sangre de un cordero sin defecto (Aries es un cordero) libró las casa de los israelitas del ángel exterminador. El pueblo elegido, fue al desierto y en el Sinaí, Dios les dio por medio de Moisés las tablas de la Ley (la constelación de Libra es una balanza, símbolo de la Justicia y la ley) (Ex. 24, 12). Hubo algunos de los israelitas que añoraron el pasado en Egipto y en ausencia de Moisés, construyeron un becerro (Tauro) de oro (Ex. 32) y aún mucho después, en la tierra prometida continuaban haciéndolo cuando se alejaban de Dios (Os. 8, 5).
Pasaron los años, y Los Reyes Magos[3] que estaban atentos a estas cosas escudriñando el cielo, vieron la Estrella de Jacob y la siguieron. (que nadie entienda, que nosotros decimos que no hubo tal estrella, que los Magos sólo apreciaron la precesión de los equinoccios. Dios que es el Creador, Amo, Dueño y Señor, hizo surgir una estrella que además, aparecía y desaparecía como nos narra la escritura) Y encontraron al Hijo de Dios y de la Virgen envuelto en pañales en un pesebre. El punto vernal marcaba el eje zodiacal Piscis – Virgo. Ese niño hizo a sus discípulos pescadores de hombres, y el pez, fue el símbolo de los primeros cristianos (Piscis son dos peces), fue María la que dijo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, la Virgen María (Virgo es La Virgen). Muchos judíos, dejaron a Jesús en la Cruz y volvieron a Jerusalém a celebrar la Pascua y todavía siguen haciéndolo, y no sólo ellos.
En ningún momento queremos decir que Dios está sujeto o condicionado por este movimiento. Él lo ha creado todo y ha dispuesto que la tierra gire de este modo, y nosotros, con su ayuda, no podemos más que apenas vislumbrar alguno de los signos de los tiempos.
Lo que acabamos de exponer sobre las eras de Tauro y Aries, nos muestra claramente como los símbolos ancestrales y universales, son realizados, cumplidos en la historia de la Salvación. Y nos recuerda que en los hombres hay una fuerte tendencia a la cristalización, a quedarnos con lo conocido, con el hombre viejo; tendencia esta, de la que no podríamos ni soñar con liberarnos, sin la ayuda de la infinita misericordia de Dios.
Aunque es difícil encuadrar todo esto con una precisión exacta ajustándolo con las fechas, algunos autores colocan el paso de Aries a Piscis en la fecha en que Hiparco escribió sobre ese movimiento, el 139 a.C.; otros como J.G. Bardet, se decantan por el año 30 antes de Cristo; pero para otros, como Emilio Saura y para nosotros mismos, el nacimiento de Cristo es de tal magnitud y trascendencia -sólo superable por “la hora” del misterio del Gólgota-, que no pudo por menos que coincidir con ese momento en el que el punto vernal entraba en 0º Aries, en el tiempo en el que se sobreponen coincidentes el zodiaco tropical y el estelar, un momento en el que todo el cosmos se “ajusta”. Por lo que para nosotros, la entrada del punto vernal en Piscis, coincide con el punto de partida de nuestro cómputo temporal actual, con el nacimiento del Mesías en Belén.[4] Es tal la trascendencia de la Encarnación que parte el tiempo en antes y después de ella.

La era de Acuario

Visto que es difícil precisar con exactitud el comienzo de la era de Piscis, lo mismo ocurre con las demás, pero ateniéndonos a lo dicho, podemos decir que la era de Acuario empezará aproximadamente dentro de un siglo y medio, pero ya hay algunos que “ansiosos por oír novedades” están ya hablando de ella y amenazando con engañar a los elegidos por el Señor:
“Estos signos de los tiempos, que emergen de la segunda secularización, llamada por los sociólogos teóricos “segunda muerte de Dios”, afectan también a la misma Iglesia, a los sacerdotes, religiosos y laicos, amenazando así con generar el peor de los males: la secularización de la conciencia de la Iglesia, la perversión de su fe y la inversión de los principios y de las normas de su moral.
Tal es el gran desafío que tiene ante sí la Iglesia. Porque, se trata de un reto de tales dimensiones y tan nuevo, que los espíritus más lúcidos hablan de la emergencia de una “época post-metafísica”, de una “sociedad post-cristiana”, de un periodo histórico determinado por la muerte del hombre y por el anti-humanismo, de una “era del vacío”. Se explica así que la “New Age” afirme, si bien con ilusoria soberbia, que la era de Acuario sucederá implacablemente a la era de Piscis, sentenciada sin remedio a la muerte”.[5]
Pues aunque Jesús mismo lanzó la pregunta: “¿Encontrará fe en la tierra cuando venga el Hijo del Hombre” (Lc. 18, 8). También nos aseguró que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia (Mt. 16, 18). El tiempo es lineal, no es un absoluto, ni es una magnitud cíclica. El cristianismo, y en especial la Iglesia Católica permanecerán en la tierra hasta que Jesús vuelva en Gloria.


“STAT CRUX DUM VOLVITUS ORBIS”[6]

Y para dar una referencia que invalida de raíz todas las especulaciones en el sentido de que la era de Acuario cuando llegue traerá algo nuevo, algo post-cristiano, algo “mejor”, más “actual”; podemos decir que la constelación de Acuario, ha sido vista siempre, hasta donde podemos saber como la han visto los seres humanos, tanto en oriente como en occidente, como un hombre con un gran cántaro de agua, la cual, vierte inagotablemente sobre la constelación del “Piscis Austrinus”, que es un pez solitario, -no es ninguno de los dos peces que forman la constelación zodiacal de Piscis, son otro grupo de estrellas-. Es una pequeña constelación que pasaría desapercibida a no ser por su estrella alfa (la más brillante del grupo) que se llama Fomalhaut, palabra que es una adaptación francesa del árabe famal-hut que significa: “la boca de la ballena”; esto nos lleva directamente a la “señal de Jonás”, a la muerte, a la ballena que te engulle si estás fuera de la barca (la iglesia). Y es en la boca de esa ballena en la que Acuario vierte su agua vivificadora, por lo que podemos asociar claramente esa agua, con la gracia santificadora que nos saca de la muerte en la que caemos como Jonás, cuando nos negamos a hacer la voluntad de Dios. El agua que ofreció Jesús a la samaritana.


Constelación de Acuario. Dibujo publicado en la página 21 del libro “Mapas celestes antiguos” de Carole Stott, publicado por editorial Ágata. Madrid 1.995.

Aparte de la imagen de Cristo vertiendo de su costado el río de agua viva, podemos tomar la referencia que nos dan San Marcos y San Lucas: “Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: Id a prepararnos lo necesario para celebrar la Pascua. Dijeron ellos: ¿Dónde quieres que lo dispongamos?.
Les respondió: Cuando entréis en la ciudad, encontrareis un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa en la que entre. Y diréis al padre de familia: -El Maestro te envía a decir: ¿Dónde está la sala en que yo he de comer el cordero pascual con mis discípulos?-. Y él os enseñará en lo alto de la casa, una sala grande arreglada, preparad allí lo necesario.
Cuando fueron, lo hallaron todo como les había dicho, y dispusieron la Pascua” (Lc. 22, 8).
Era lo usual que las mujeres hebreas o las esclavas fuesen a por el agua, por eso a los discípulos no les fue difícil encontrar en Jerusalém un hombre que llevase un cántaro. El término griego usado para indicar que llevaba un cántaro, indica claramente que era grande o bien muy pesado.
El Evangelio nos traba la imagen de la constelación zodiacal de Acuario, con la celebración de la Pascua, la “Última cena” de Jesús con sus discípulos. ¿Qué celebramos en cada Eucaristía los católicos?: celebramos la Pascua, los discípulos con el Señor, en cada eucaristía, y de forma especial y solemne en la Vigilia Pascual.
Que buena imagen: el hombre vertiendo el agua de la vida sobre la boca de la ballena, sobre los que estarían muertos, para representar la Eucaristía. Dios mismo, es el alimento que nos mantiene vivos: Dios nos ama y su Hijo Único ha vencido a la muerte y nos ha salvado.
Pues como dice San Pablo: “En distintas ocasiones y de muchas maneras hablo Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo” (Heb. 1, 1 y 2).
Así pues, cuando el punto vernal entre en Acuario, si el Señor, todavía no ha venido en Gloria, la Iglesia, seguirá celebrando la Eucaristía (Pascua) y Evangelizando (vertiendo el agua de la vida sobre la boca de la ballena) para sacar a los hombres de la muerte y nada podrá estar más en armonía en ese tiempo con el cosmos creado, que eso mismo.
El asunto de la “Nueva Era” no es ninguna broma, hasta el punto que el Pontificio Consejo para la Cultura y el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, han publicado hace poco un documento titulado: “Jesucristo, portador del Agua de la Vida”; en el que de manera provisional trata específicamente el tema. En su prefacio, se puede leer entre otras muchas aclaraciones: “Aun cuando se pueda admitir que la religiosidad de la “nueva era” en cierto modo responde al legítimo anhelo espiritual de la naturaleza humana, es preciso reconocer que tales intentos se oponen a la revelación cristiana. En la cultura occidental en particular, es muy fuerte el atractivo de los enfoques “alternativos” a la espiritualidad. Por otra parte, entre los católicos mismos, incluso en casas de retiro, seminarios y centros de formación para religiosos, se han popularizado nuevas formas de afirmación psicológica del individuo. Al mismo tiempo, hay una nostalgia y una curiosidad crecientes por la sabiduría y por los rituales de antaño, lo cual explica en parte el notable aumento de la popularidad del esoterismo y del gnosticismo. Muchos se sienten especialmente atraídos por lo que se conoce –correctamente o no- como “espiritualidad” celta, o por las religiones de los pueblos antiguos. Los libros y los cursos sobre espiritualidad o sobre religiones antiguas u orientales son un negocio floreciente y con frecuencia reciben el apelativo de “nueva era” por razones de carácter comercial. Pero los vínculos con dichas religiones no siempre están claros. De hecho, con frecuencia se niegan.
Un discernimiento cristiano adecuado del pensamiento y de la práctica de la “nueva era” no puede dejar de reconocer que, como el gnosticismo de los siglos II y III, ésta representa una especie de compendio de posturas que la Iglesia ha identificado como heterodoxas. Juan Pablo II ha alertado respecto al “renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma de la llamada New Age. No debemos engañarnos pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas.
La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o para-religiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano”.


[1] Cf. Con el documento: “Jesucristo, portador del agua de la vida” del Pontificio Consejo para la Cultura. Vaticano – 2003 – p. 5, 52 y 92.
[2]La Eclíptica es una banda del cielo, una franja por la que siempre discurren el Sol y los planetas y que rodea a la Tierra como un anillo lejano, y que coincide con la proyección sideral del plano del ecuador del sistema solar. Está dividida en 12 partes de 30º, cada una de las cuales está representada por la constelación que hay en ella; éstas son las doce constelaciones del “zodiaco”.


El movimiento normal del Sol y los planetas vistos desde la Tierra, es desde Aries a Tauro; de Tauro a Géminis etc.., pasando el sol un mes delante de cada signo zodiacal.
[3] Por muchas que sean las consideraciones que puedan hacerse sobre los tres Reyes Magos y sobre si lo que vieron y siguieron fue una estrella especial, una estrella nueva para aquella ocasión, ninguna de ellas podrá demostrar que lo que pasó no fue lo que relatan las Escrituras. Hemos visto trabajos de estudiosos serios que han planteado que esa estrella era una inusual conjunción planetaria de Júpiter y Saturno, o de otro grupo de planetas. Y también a otros decir que ese verse y dejarse de ver, debió de deberse a la presencia de nubosidad.
Parece que tenemos serios problemas para aceptar lo sobrenatural, estamos empeñados en quitarle a todo su parte misteriosa. Detrás de todas esas búsquedas suele estar una incapacidad de aceptar la Escritura como un niño; y después como un ser humano adulto, creyente y racional, aceptar y entender que el Creador, Dueño y Señor de todo, para un momento tan trascendente, puso una estrella en el cielo para que guiase a los Reyes Magos.
[4] Los errores en las fechas que se pudieron introducir al establecer el calendario juliano, podrían llevarnos algunos años hacia atrás, en el supuesto de que pudiesen ser suficientemente demostrados. Pero en cualquier caso, el ajuste de la fecha de nuestro calendario con el número exacto de vueltas que ha dado la Tierra alrededor del Sol desde que nació Jesús, no afectaría decisivamente a nuestra situación.
[5] Cita tomada de la página 18 del Plan Pastoral 2.002 a 2.005 de la diócesis de Cartagena. Su primera parte es una lúcida instrucción pastoral del Sr. Obispo D. Manuel Ureña Pastor sobre los nuevos signos de los tiempos.
[6] “La Cruz, permanecerá erguida mientras el mundo gire”.
Angel Luís Hurtado Contreras
Semogil 2008

lunes, 3 de noviembre de 2008

LA ARRIXACA, TRONO DE LA SABIDURÍA



La Virgen de la Arrixaca es venerada en la ciudad de Murcia (España). Es una talla de madera policromada de finales del románico, que data del siglo XII. Su festividad se conmemora el último domingo del mes de mayo, ya que el 1 de mayo de 1243 el infante don Alfonso (posteriormente Alfonso X el Sabio), hijo de Fernando III el Santo entraba pacíficamente en la ciudad de Murcia, tras lo acordado en el Tratado de Alcaraz con los sucesores de Ibn Hud, el último auténtico emir árabe de Mursiya.



Su nombre, Santa María de la Arrixaca, proviene del lugar de donde se le rindió culto, el arrabal de la Arrixaca, que viene de Al-Rasc, que significa "elegante". Hay una leyenda popular bastante peregrina que explica el origen del nombre a que la imagen la encontró un labrador que araba el campo con una yegua o jaca mientras pronunciaba "arre" para que ésta avanzara. En aquel tiempo vendría a ser como Arri (de arre) y Xaca (de jaca) que se fusionarían como Arrixaca.

Hay controversia entre los distintos investigadores si la imagen ya estaba en Murcia a la llegada del futuro rey Alfonso o si fue él mismo el que la trajo a la ciudad. En el primer caso, se apunta a que la imagen se localizaba en una capilla del arrabal de la Arrixaca, donde se les permitía el culto cristiano a los mercaderes italianos, principalmente de Pisa y Génova. Los cuales venía por el comercio de la seda, ya que en la esa época la ciudad de Murcia era una de las principales productoras del Mediterráneo. La segunda hipótesis es que la imagen fue traída por el infante don Alfonso y situada en una ermita mozárabe del barrio de la Arrixaca.
En cualquier caso, don Alfonso la nombra patrona del Reino de Murcia y le dedica sus famosas Cantigas, especialmente la 169.

Actualmente está en la Iglesia de San Andrés y cedió su nombre de patrona a la Virgen de la Fuensanta (conocida por aquel entonces como Virgen de las Fiebres) cuya imagen se cuenta que apareció en un cuadro en una cueva y cobró importancia y devoción al ser sacada en procesión durante las epidemias medievales que azotaron la ciudad.

Este hecho histórico está cargado de controversia. En 1746 por motivos de devoción deja de ser patrona de la ciudad de Murcia, no obstante Alfonso X la nombró patrona del Reino de Murcia, predecesor de la Región de Murcia. Oficialmente dicho nombramiento no ha sido revocado. Por lo tanto y según la Historia, Santa María de la Arrixaca es la patrona de Murcia por el aún vigente nombramiento de Alfonso X. No obstante, la devoción popular hace que la verdadera patrona sea Santa María de la Fuensanta para casi todos los murcianos.

TRONO DE LA SABIDURIA

Las primeras representaciones de la virgen que aparecen en las catacumbas nos la representan con el niño en el regazo. Parece ser este el origen de la virgen románica medieval, como la Virgen de la Arrixaca. El seno de Maria es el Trono en el que sienta el Rey del universo, Jesucristo. Las vírgenes románicas van adoptar esta forma donde la virgen se representa sentada y sobre sus rodillas sostienen a Jesús. La virgen es el Trono de Cristo. La tradición de la Iglesia ve en Cristo la sabiduría divina personificada de la que nos habla el libro del Sirácida y los Proverbios. Esta virgen-trono es por tanto Trono de la Sabiduría. Por esto podemos ver en la Virgen de la Arrixaca este trono de la Sabiduría que es Cristo.

Era frecuente desde el siglo X leer en las misas de Santa María algunas lecturas del libro del Sirácida (Sir 24) y Proverbios (Pro 8,22-31) en los que la Sabiduría divina aparece personificada. Desde el siglo XII, en las Laudes y Letanías marianas se atribuyen a María los títulos de Madre de la Sabiduría, Fuente de la Sabiduría, Casa de la Sabiduría, y Trono de la Sabiduría. Con este título se venera a María en muchas Iglesias particulares, universidades, e Institutos religiosos, entre los que destaca la Compañía de María, fundada por san Luis María Grignon de Monfort (+ 1716).

Este “nombre” nos está indicando:

· La función maternal de María, porque en su seno purísimo se ha formado y ha vivido Cristo, la Sabiduría del Padre.

· Su dignidad real, porque su Hijo Jesús es el heredero del trono de David, el Mesías prometido por Dios al pueblo judío.

· Su sabiduría y prudencia, porque María aparece en el evangelio como la “virgen sabia”, que ha guardado las palabras de Cristo en su corazón y las ofrece a la Iglesia y al mundo.
Antonio Sánchez Rodríguez
Murcia 2008